Una semblanza de Jascha Heifetz, por J.
López Hidalgo 
El gran
talento enmarcando la personalidad de un líder,
un ser excepcional por su dimensión musical y por
ese “algo más”, que es la vitola de
los elegidos. Pero el talento no lo es todo, es necesario
haber sido contumaz en el deseo, y pertinaz en el anhelo,
trabajar el don regalado a fin de poder quedar en el tiempo,
aunque esto no haya sido en ningún caso motivación.
Comparado en ocasiones con Buch, y aun con Menuhin, Jascha
Heifetz demuestra desde su juventud una extraordinaria
versatilidad y gran capacidad de adaptación a todo
para lo que era requerido por sus maestros, que vieron
las posibilidades del muchacho judío.
Heifetz comienza a tocar el violín a los 3 años
introducido por su padre que era músico de la Orquesta
municipal de Vilnius en Lituania. A la edad de 7 años
ya interpreta a Mendelssohn ante un aforo de cien personas.
Cumplidos los diez años comienza su primer éxodo
a San Petersburgo. El afamado conservatorio de la mítica
ciudad es el primer escalón, pero los padres del
violinista carecen de recursos para hospedarse allí
y surge el primer problema. Leopold Auer, que se convertiría
en el gran mentor del pequeño prodigio, registra
como alumno del centro al padre de Jascha y logra burlar
así el cerco.
Poco mas tarde empieza a mostrar tales habilidades que
a partir de 1911 viaja por toda Europa maravillando a
los aficionados del viejo continente, hasta el punto de
tener que ser escoltado en su huida hacia el hotel ante
el entusiasmo de la muchedumbre congregada en Berlín,
donde interpretó ante 25000 personas.- Qué
tiempos, la policía escoltando a violinistas-
Pero la Revolución no perdona, y Rusia se tiñe
de violencia, no son tiempos seguros, y 1917 marca la
inflexión en la historia de Rusia y en la de Heifetz.
Decide marcharse a Estados Unidos, para adquirir la nacionalidad
de aquel país en 1925.
A estas alturas del viaje ya no parece que Ítaca
moleste al violinista , que entiende por meta el camino
recorrido, entre el entusiasmo de muchos, y las figuradas
envidias de unos pocos, que desde su poltrona tratan de
enturbiar una carrera forjada a golpe de martillo sobre
el yunque del trabajo.- En esto no han cambiado los tiempos-.
“ Heifetz, no emociona, es inexpresivo”; “Heifetz
atribuye a las obras un sello personal que las desvirtúa”;
“Heifetz no sabe tocar a Beethoven, lo convierte
en algo suyo y Beethoven es de todos”. ¡ Extra,
Extra! Fotos de rotativas como en una película
de Frank Capra con diarios superponiéndose, ¡
cae el mito! Apiolémosle, porque un espabilado
ha alzado la voz antes que el rebaño, y éste
le sigue inconsciente y tribal, sin pararse un segundo
a pensar , y lo que es más grave: sin pararse a
escuchar.
Pero ya dijo Don Quijote, que de ruidos sí sabía:
“Ladran, luego cabalgamos”. Heifetz cabalga
hacia España en 1921 donde cosecha gran éxito,
y desde ese año por toda Europa recibiendo grandes
críticas de otro mito: Arthur Rubistein.
Da un giro hacia la música de cámara que
saciaba su necesidad y alimentaba su espíritu.
En esta época comienza una serie de conciertos
y grabaciones con Feuermann, Piatigorsky y el propio Rubistein.
Heifetz siempre tuvo predilección por este tipo
de música , y era hora de dedicarse a ella. Como
compositor favorito siempre señaló a Bach,
entendía que era el padre de la música y
que todo derivaba de alguna manera de cuanto ya hubo sido
estudiado por el maestro de Eisenach.
Como todos los grandes , tuvo que campear las críticas
durante toda su vida, pero siempre mostró una seriedad
fuera de toda duda en la realización de su trabajo,
hombre de carácter serio, se mostró esquivo
a un divismo, que nunca profesó, accediendo a interpretar
incluso música popular, en ocasiones muy distante
del canon interpretativo que se le podía presuponer.
Su último gran
concierto fue en 1972 en el Music Center de Los Angeles.
A partir de ahí, ciertos problemas con su entorno
le hacen celoso de sí, hasta el punto de alimentar
su misantropía cercando su residencia con alambre
electrificado para evitar el contacto con la gente. Quizás
sea cierto que los hombres nacemos y morimos en soledad,
y esta fue la forma en que decidió hacerlo un hombre
que atravesó el umbral del mito, para convertirse
en leyenda. Que trascendió las fronteras de su
tiempo para ser inmortal y crear un estilo propio, tan
personal como imperecedero. Todo fue distinto... desde
que te escuchamos.