Entrevista
con Anne-Sophie Mutter 
Durante los últimos veinticinco años, Anne-Sophie
Mutter viene desarrollando una carrera concertística
y discográfica sin posible parangón. Intérprete
ideal del repertorio clásico, que conjuga con un
interés cada vez más creciente por autores
contemporáneos, que, como Krzysztof Penderecki,
Witold Lutoslawski, Wolfgang Rihm, Norbert Moret, Pierre
Boulez, Sofia Gubaidulina, Sebastian Currier o André
Previn, han compuesto para ella conciertos para violín.
Artista exclusiva de "Deutsche
Grammophon", cada nueva grabación de la violinista
alemana resulta un auténtico acontecimiento, como
es el caso de uno de sus últimos discos, el "Concierto
para violín y orquesta" de Beethoven, que
ya grabase por primera vez, con su mentor Herbert Von
Karajan, tratándose ahora de un registro en directo,
realizado en mayo pasado, en el Avery Fisher Hall del
Lincoln Center en Nueva York, con Orquesta Filarmónica
de dicha ciudad dirigida por Kurt Masur.
Hace
un año realizó una gira con la Camerata
de Salzburgo, en calidad de solista y directora, que incluía
Madrid, París y Munich, con los cinco conciertos
para violín y orquesta de Mozart: nueve conciertos
en diez días, ¡debe de ser agotador!
Ciertamente, una gira como aquella
resulta agotadora. Sin embargo, en Madrid tuve un día
libre y lo disfruté inmensamente. Lo primero que
hice fue visitar el Museo del Prado para contemplar de
nuevo un cuadro que me apasiona, el "Cristo"
de Velázquez. Lo vengo admirando desde mi primera
visita a España, en 1978. El espíritu que
emana de esta pintura me produce una autentica sensación
de serenidad.
Dentro
de los cinco conciertos para violín de Mozart,
¿cuál es que más le gusta? Estos
conciertos tienen unos maravillosos movimientos lentos.
Hábleme de ellos.
Me gustan todos, pero, si hay que
hacer una distinción, los dos primeros conciertos
son más pequeños y formalmente, los segundos
movimientos son más cortos, siendo en general,
de una menor envergadura; pero incluso, con una estructura
más en miniatura, cada nota cuenta en ellos. Hay
un espacio de dos años entre estos dos primeros
conciertos y todos los demás, estando presente
el genio de Mozart en todos.
Existe algo verdaderamente extraordinario en cada uno
de los movimientos lentos de estos conciertos; en ellos
coexisten auténticos pasajes de gran luminosidad,
junto a zonas de sombras, algo notorio en el quinto concierto,
sin duda el más acabado de toda la serie.
Tengo previstos, para los próximos dos años,
nuevos proyectos mozartianos, con el ciclo completo de
sonatas para violín y piano, así como sus
últimos tríos. Por tanto, Mozart me va a
tener bastante ocupada.
Ud. fue una autentica
niña prodigio: comienza a estudiar violín
a los cinco años con Erna Honigberger y ya, a los
siete años, gana su primer concurso. Conoce al
violinista Henryk Szeryng y a través de él
a Aida Stucki, quien resultó clave en su formación.
¿Qué recuerdos le trae aquella etapa de
su vida?
Con Erna Honigberger estudié
entre los cinco y los nueve años, dándome
una sólida formación técnica y algo
muy importante: con ella comencé a sentir el placer
de tocar. Iba a dar clases todas las mañanas a
su casa, que estaba llena de animales. Esta señora
era como una especie de "Dra. Doolitte". Cuando
Honigberger murió, tuve que buscar otro profesor.
Henryk Szeryng, después de escucharme en una audición,
me aconsejó que diese clases con Aida Stucki. Con
ella aprendí prácticamente todo el repertorio
que he cultivado en el transcurso de mi carrera, excepto
la música contemporánea; pero eso entonces
no era tan importante. La formación que adquirí
con Stucki comprendía fundamentalmente a autores
como Mozart, Beethoven y Brahms, que son los pilares de
la forma y el estilo.
Con
apenas trece años, comienza a trabajar con el más
famoso director de orquesta del mundo, Herbert Von Karajan.
¿Cómo se produjo este crucial encuentro
que marcará, ya para siempre, su vida artística?
El encuentro tuvo lugar en el Festival
de Lucerna de 1976, donde se produjo mi primer recital
importante. Karajan era muy entusiasta al escuchar jóvenes
talentos, aunque he de decirle que trabajar con el maestro
no era garantía de un brillante futuro. De hecho,
bastantes instrumentistas que estuvieron con él
no llegaron a hacer una carrera importante.
Después de escucharme en Lucerna, Karajan me invitó
a ir a Berlín, la fecha la recuerdo perfectamente:
11 de diciembre de 1976. Estuve trabajando con él,
durante trece años, hasta su muerte en 1989. La
composición que me dejó más huella
en aquella etapa fue el "Concierto para violín"
de Beethoven, que es sin duda "La Corona del Repertorio"
en cuanto a fraseo y forma. Casi puede considerarse un
concierto para orquesta y violín "obligato".
Todo lo que hice con Karajan me va a acompañar
toda la vida. Tenía un concepto de belleza del
sonido. Hoy en día parece que el sonido bello es
algo negativo, ¡yo no estoy de acuerdo!, ya que
la belleza debe primar en todo: en el amor, en la vida,
en el arte,... es un atisbo hacia lo divino. Eso -pienso-
es la perfección.
Trabajar con Von Karajan
resultaba un hecho excluyente con respecto a otros directores
como Leonard Bernstein...
Entre Karajan y Bernstein existió
siempre una fuerte competitividad. Ambos murieron con
muy poca diferencia de tiempo, por tanto, sus carreras
se desarrollaron, prácticamente, de un modo paralelo.
Bernstein nunca me llamó para hacer nada con él,
circunstancia que, cuando yo era joven, no le concedía
importancia. Me di cuenta, ya en retrospectiva, que cuando
ambos vivían, o trabajabas con uno o con el otro.
Sus maneras de ver la música eran totalmente distintas.
Ud.
está trabajando en los últimos años
con Kurt Masur, quien, además de ser una gran personalidad
musical, estuvo muy comprometido en el proceso de unidad
de Alemania. ¿Cómo está resultando
su experiencia con él?
En realidad llevo veinte años
trabajando con Kurt Masur, desde los tiempos en que era
director musical en Leipzig. Ciertamente, lo que hizo
por la unificación de Alemania fue realmente heroico:
su intervención sobrepasó con creces el
terreno musical -en su famoso concierto en Leipzig- para
convertirse en una figura política, que prácticamente
evitó la guerra civil, cuando el antiguo régimen
se iba a ensañar con los estudiantes.
El trabajo con Masur resulta altamente gratificador. Por
esa razón, cuando decidí volver a grabar
los conciertos para violín de Brahms y de Beethoven,
tenía muy claro que lo haría con él.
Ambos tenemos una concepción, sino igual, muy similar
a la hora de enfocar estas obras. La atemporalidad y la
belleza con la que este director es capaz de afrontar
a Beethoven se asemejan a esa flor que se abre solamente
una vez al año. Todo ello manteniendo la tensión
que por momentos requiere este autor.
Si
trascendental resultó su relación con Von
Karajan, no es menos importante la que mantuvo con esa
imponente personalidad musical del siglo XX que fue Paul
Sacher.
Lamentablemente murió en
1999 ya con noventa y tres años, pero tremendamente
lúcido y aún con proyectos en marcha. La
música del siglo XX le debe muchísimo, ya
que gran cantidad de importantísimas obras fueron
encargos suyos. Fue una persona que ha dejado una gran
huella en mi vida. A través de él conocí
a músicos como Lutoslawski o Penderecki, y, también,
cuando yo tenía dieciséis años, a
Henri Dutilleux. Precisamente dentro de unos días
estrenaré en Londrés su "Concierto
para violín" con la London Philharmonic dirigida
por Kurt Masur. He estado aguardando esta obra veintidós
años (entre risas). ¡Imagínese si
tengo que esperar para cada obra de Dutilleux semejante
período de tiempo!
Todavía hay dos encargos pendientes que Paul Sacher
hizo para mi, el "Concierto para violín"
de Pierre Boulez, que espero estrenar próximamente,
y el "Concierto para violín" de Sofía
Gubaidulina, cuyo estreno esta previsto para el 2005.
Aunque el arte es algo con lo que he crecido, también
debo a Paul Sacher que me introdujera tanto en la música
como en la pintura contemporánea. Su casa de Lausana
era un verdadero museo donde podían contemplarse
cuadros del período azul de Picasso, obras de Chagall,
de Paul Klee, de Miró o también de Claude
Monet, uno de mis pintores favoritos. ¡Qué
maravilla, sus cuadros de agua! Siempre tendré
un entrañable recuerdo de Paul Sacher.
Voy
a citarle cuatro grandes violinistas: Jascha Heifetz,
Yehudi Menuhin, David Oistrakh e Isaac Stern. ¿Se
ha sentido influida por alguno de ellos?
Por supuesto estoy influenciada
por muchos violinistas. Los cuatro que me ha citado fueron
extraordinarios artistas. Si tuviera que mencionar a alguno,
este sería sin duda David Oistrakh, obviamente
gran especialista en el repertorio ruso, pero que también
interpretaba con gran brillantez y autentica nobleza a
los autores alemanes o austríacos. En sus conciertos,
Oistrakh no se erigía en protagonista (como es
el caso de muchos instrumentistas) sino que concedía
auténtico protagonismo a la música del autor
que estaba interpretando. Esto es algo cada vez más
raro.
Un
gran intérprete necesita utilizar un gran instrumento,
como ese Stradivarius que Ud. lleva consigo desde hace
ya bastantes años y que, como puede observarse,
siempre le acompaña. ¿Cómo consiguió
este violín?
Este violín estuvo en el
mercado bastante tiempo, lo probaron muchos de mis colegas
y no le gustó a nadie. Después de estar
en contacto con él, solo un par de minutos, me
di cuenta, inmediatamente, de que era el alma gemela que
estaba buscando. Fue construido por Stradivarius en 1710,
en el período de oro del gran maestro de Cremona.
Llevo trabajando con él quince años y aunque
en diferentes ocasiones me han ofrecido otro violín,
éste sigue siendo mi instrumento ideal.
Ha
estrenado el "Concierto para violín y orquesta"
que André Previn compuso expresamente para Ud.
Hábleme de este concierto.
El estreno mundial de este concierto
tuvo lugar en Boston, el 14 de marzo de 2002, con la Orquesta
Sinfónica de Boston dirigida por el propio André
Previn. El estreno europeo, se produjo en Londres, en
el mes de junio, con André Previn dirigiendo a
la Sinfónica de Londres.
Es un concierto de magnífica factura y muy extenso,
con una duración de cuarenta minutos. Posiblemente,
puede convertirse en parte importante de mi repertorio.
Ha vuelto a interpretar
"Concierto para violín y orquesta" de
Alban Berg, con la Orquesta Sinfónica de Londres
dirigida por Michael Tilson Thomas. ¿Qué
puede decir de este importantísimo concierto, en
el repertorio del siglo XX?
Se trata, sin duda, del concierto
para violín más importante del siglo XX.
Podría incluso afirmarse que es el más importante
de la historia junto al de Beethoven. Compuesto por Alban
Berg en 1935, con el subtítulo "A la memoria
de un ángel", ese ángel era la joven
de dieciocho años Manón Gropius (hija del
segundo matrimonio de Alma Malher), que había muerto
ese mismo año. En este concierto se unen dos aspectos:
está compuesto en un lenguaje nuevo, aunque no
totalmente inmerso en el sistema dodecafónico;
en otra vertiente, posee una increíble profundidad
emotiva. La última parte del segundo movimiento
se presenta como un coral con variaciones, tomada por
Alban Berg de una "Cantata" de Bach, donde el
violín actúa como voz solista y los instrumentos
de viento asumen la parte coral.
Empecé a estudiar la partitura de este concierto
por indicación de Von Karajan. Entonces yo tenía
apenas veinte años y no me gustaba demasiado este
tipo de música, que con el paso de los años
llegó a interesarme y a apasionarme.
Su
discografía es ya muy amplia y no cesa de crecer.
Últimas grabaciones suyas dedicadas a Beethoven,
como el doble DVD con las diez sonatas para violín
y piano o el "Concierto para violín y orquesta",
son tomas en directo. ¿Qué le gusta más:
grabar en estudio o en directo?
Me gustan más las grabaciones
en directo, donde el calor del público motiva mucho
más al artista que un estudio de grabación,
cuya ventaja reside en el control de una perfecta toma
de sonido. El problema es encontrar salas idóneas
para realizar grabaciones en directo. Una buena acústica,
que no varíe de estar la sala conciertos vacía
o llena de público, resulta esencial para garantizar
una buena toma en directo.
(El
tiempo transcurre a gran velocidad. Anne-Sophie Mutter,
al contemplar la carátula de una grabación
suya, cuando tenía diecinueve años, con
Salvatore Accardo, de los conciertos para violín
de Johann Sebastián Bach, después de emitir
un nostálgico suspiro, nos comentó: ¡Qué
grabación más maravillosa! No la he escuchado
desde hace dieciocho años.)
Después de más de veinticinco años
de carrera. ¿Qué retos futuros se plantea?
No suelo mirar atrás y mi
reto futuro es el próximo concierto: el que voy
a hacer hoy mismo.