EL SECRETO
DE PAGANINI 
Paganini Nació en Génova
el 27 de octubre de 1782. Aprendió los primeros rudimentos
de su padre y posteriormente del maestro genovés
Santiago Costa, que le impartió 30 lecciones. Se
traslada a Parma para recibir clases de violín con
Alessandro Rolla y de composición con Ghiretti. Posteriormente
vuelve a Génova para perfeccionar sus estudios y
desarrollar su técnica con métodos absolutamente
personales. En 1816 se produce el concierto-comparativo
entre Paganini y Lafont en el Scala de Milán, y en
1818 con Lepinsky en Placencia. Inicia una gira por Europa
y su pretigio aumenta cada día.
El secreto
de Paganini
Muchas veces en sus conversaciones hizo mención de
un secreto violinístico que deseaba publicar una
vez retirado de sus actividades. Ninguna escuela de música
conocía este secreto, mediante el cual cualquier
joven hubiera podido aprender el violín en menos
de tres años, necesitándose diez con los viejos
sistemas.
Cita de Schottky, contemporáneo de Paganini:
-Le pregunté varias veces al maestro si hablaba seriamente
y contestó siempre:
Juro decir la verdad y le autorizo a usted a mencionar
esta promesa en mi biografía. Un hombre que tiene
ahora 24 años, el señor Gaetano Ciandelli,
de Nápoles, conoce mi secreto. Tocaba el violoncelo
de manera común y sus conciertos considerados mediocres,
pasaban inadvertidos. Para ayudarle le enseñé
mi descubrimiento y lo transformé de tal modo que
todos aseguraron que fuere un milagro. Enseñé
a Camilo Sívori, cuando apenas tenía 7 años,
las primeras combianaciones de la escala y en 3 dias tocó
diversos trozos y todos dijeron: Paganini ha cumplido un
milagro. Después de 14 dias tocó en público.
Mi secreto señala la vía para secundar mejor
la naturaleza de los instrumentos y es mucho más
fácil de lo que se piense. No es sino un estudio
serio que debo este descubrimiento, gracias al cual no se
está obligado a estudiar cuatro o cinco horas diarias.
Músicos
contemporáneos de Paganini
Fetis
le elogia también como compositor y recuerda las
palabras de Rossini: "Es una suerte
que Paganini no se haya dedicado exclusivamente a la composición
lírica, pues hubiéramos encontrado en él
un rival peligroso". Schumann, Schubert
y Chopin se impresionaron , no sólo por
su técnica, sino por su personalísima expresividad.
Spohr, con alguna reserva sobre el gusto
de sus acrobatismos, expresa: "Su mano izquierda
y su sonido siempre puro, me parecieron admirables".
A su vez Zobe, violinista y crítico:
"Él sabe infundir a sus ejecuciones un alma
como nadie podría hacerlo". Meyerbeer:
"Imaginad los efectos más sorprendentes
del violín; soñad los prodigios de arte y
de melodía; Paganini sobrepasará todas vuestras
espectativas". Listz: "Una
de las maravillas que la naturaleza parece acordarnos una
sola vez para retomarla lo más rápido posible;
un milagro que el reino del arte ha visto una sola
vez". Verdi: "Es preciso
haberlo oido; describirlo no es posible".
El músico,
el hombre
Al mismo tiempo
que su fama y prestigio también surgen calumniadores
de su vida privada que lo exasperan durante toda su carrera
en Italia y en el exterior. En sus giras de concertista
los juicios adversos quedaban vencidos ante la perfecciónd
e su arte.. Paganini mismo lo afirmaba después de
su primer concierto en Londres: "Todas las manifestaciones
contrarias se transformaban en elogios inenarrables, más
aún: cada sílaba de censura se trocaba en
un panegírico". Hombre entre los hombres
Paganini tuvo virtudes y defectos. Su superioridad artística
tuvo adhesiones incontrastables; sus defectos, exageraciones.
Fue acusado de avaricia, pero los hechos demuestran lo contrario:
asistencia financiera constante prestada a su madre y a
sus familiares; donación a Héctor Berlioz,
entonces pobre y desconocido; ayuda notable al violinista
Carlos Bignami, salvándolo de dificultades económicas;
trato dado a la mujer que fue su compañera y a su
hijo...
Siendo joven fue muy adicto al juego y, ¿quienes
fueron y son inmunes de tal pecado en la edad de la inexperiencia?.
Unas 300 cartas suyas revelan al hombre bueno, vivaz, original,
con cualidades y defectos que encontramos normalmente en
la gente de bien.