La
viola, por Sergio Vacas 
Cuando me ofrecieron escribir este
artículo acepté casi sin dudar, pues comprendí
que me estaban brindando la oportunidad de acercar un
poco más este instrumento al gran público,
pues creo que todavía no se le conoce en su justa
medida.
La viola es un instrumento que,
aunque a simple vista es igual que el violín, tiene
algunos detalles que la diferencian. El más importante
es el tamaño, pues la viola mide entre seis y ocho
centímetros más que el violín, sólo
en la caja de resonancia. Además, mientras que
entre dos violines distintos no hay apenas diferencia,
entre dos violas puede haber entre tres y cinco centímetros
de una a otra.
Haciendo una comparación
sonora con el violín, diremos que la viola se afina
una quinta más grave, por lo que su sonido es algo
más débil y velado. Al ser más grande,
las cuerdas a su vez son también más largas,
lo que supone que no puede competir en intensidad ni en
brillantez con el violín. Sin embargo, juega un
papel importantísimo en la orquesta, pues, como
dijo Mattheson -un buen amigo de Bach- sin la viola jamás
se lograría un equilibrio perfecto "pues donde
faltan las voces medias, falta la armonía".
También la técnica
en algunas cosas varía un poco, sobre todo en el
arco pues, aunque pesa entre tres y cuatro gramos más,
requiere un poco más de presión, especialmente
en el registro más grave. Otra diferencia importante
estriba en el vibrato, efecto técnico-sonoro que
en cualquier instrumento -sobre todo en los de cuerda-
sirve para conseguir una mayor expresividad. En el caso
de la viola tiene que ser un poco más lento y abierto
que en el violín.
Es mucho lo que se está
investigando desde el siglo XIX para mejorar y revalorizar
su sonoridad, y establecer así un tamaño
ideal para poder asistir al renacimiento, y a su vez reconocimiento,
de la viola como instrumento solista, pero todavía
hay ciertas discrepancias. Mientras que algunos piensan
que haciéndola corriente en cuanto a la longitud,
pero mucho más ancha en general, se conseguiría
una sonoridad robusta y llena -sin pensar tal vez que
esto puede representar muchos problemas para manejarla
-, otros, como ya hiciera el Lutthier Sprenger -al parecer
con bastante éxito-, la prefieren de longitud normal,
pero más ancha en su parte baja y muy abombada
la tapa superior.
Parece ser que este instrumento
le gustaba mucho a Hindemith, que por cierto era un gran
intérprete de la viola. Eso explica su producción
musical para este instrumento.
Un pensamiento generalizado es
que hay pocos compositores que hayan escrito conciertos
para la viola como solista pero, si hacemos un repaso
más o menos cronológico, veremos que desde
el barroco hasta hoy en día algunos compositores
han escrito alguna obra para este instrumento, y nos daremos
cuenta de que hay más de las que en un principio
pudiéramos pensar.
Por ejemplo Telemann, compuso un
concierto para viola, y otro para dos violas y orquesta.
Bach, en su Concierto de Brandemburgo nº 6, para
dos violas, dos violas de gamba, Violoncello y Bajo Continuo.
De Stamiz tenemos un concierto para viola y orquesta,
y de Mozart, su célebre sinfonía concertante
para violín y viola.
Entre los siglos XIX y XX son de
destacar las obras escritas por compositores como Berlioz,
con la sinfonía poemática de Harold en Italia,
o Hindemith con su música de concierto para viola
y orquesta, o su Der Schwanendreher.
Milhaud contribuyó al renacimiento
de la viola con dos conciertos y el Concertino d´été
para viola y orquesta de cámara.
Pero quizá los exponentes
más claros del renacimiento de la viola como solista
son William Walton y Béla Bartók, con sendos
conciertos para viola y orquesta, aunque este último
murió antes de poder concluirlo, labor que asumió
un alumno suyo llamado Tibor Serly. Podemos hacer mención
a otros conciertos de autores menos conocidos, como por
ejemplo Iván Handoshkin, en cuanto al período
clásico; York Bowen; y como más contemporáneos,
Sandro Gorli con su obra Superflumina, y Valetín
Bentancur, obras estas últimas que yo personalmente
he tenido la oportunidad de interpretar.
Por lo que respecta a su labor
en grupos de cámara y orquesta sinfónica,
hay que decir que, tanto en tríos como en cuartetos
y orquesta de cámara, la viola ha tenido casi siempre
un papel muy importante, no sólo, como decíamos
al principio, armónicamente, sino también
técnicamente. Como nombrarlos a todos sería
muy extenso, baste decir que sobre todo a partir de la
segunda mitad del siglo XVIII es cuando se empieza a prestar
más atención a este instrumento.
Otra cuestión es la orquesta
sinfónica y de ópera. En esta parcela diremos
que es al final del siglo XIX, y sobre todo en el XX,
cuando los compositores le otorgan a la viola un papel
muy cercano al del violín.
Los exponentes más claros
en este sentido son R. Wagner, en prácticamente
todas sus óperas, y R. Straus, tanto en las obras
sinfónicas como en sus óperas. Un claro
ejemplo de este último es su ópera Elektra,
que en la misma partitura escribe viola 1ª y violín
4º, utilizando para ello la tesitura más aguda
de la viola.
Hindemith, Stravinski, Britten,
Shostakovich y un largo etcétera son también
un claro ejemplo.
Espero haber cumplido mi objetivo,
y contribuir así a acercarles un poco más
a ese bello, pero a la vez desconocido y misterioso instrumento.